jueves, 10 de marzo de 2011

La conciencia mítica (D. S. Bond)

"El trabajo psicológico consiste en aceptar los fantasmas de nuestras vidas no vividas. No es nuestra aflicción por aquello que quisimos y hemos perdido; no es enterrar nuestras ambiciones adolescentes. El misterio de la psique es que nos sentimos perseguidos no por lo que queremos en la vida, sino por lo que la vida quiere de nosotros. Nunca podremos arrinconar esos potenciales no vividos. Buscan incesantemente ser vividos aunque los enterremos profundamente. Puede que trabajar de nueve a cinco sea una adaptación esencial para trabajar en un cultura urbana, pero ¿se ajusta convenientemente a las energías instintivas modeladas en la psique? Aprender a vivir sólo aquello que nuestros padres pudieron tolerar puede que haya sido una relación esencial para el desarrollo de nuestras familias, pero ¿se ajusta convenientemente a aquellos profundos deseos que aún esperan verse realizados?
Lo que se retiene en nuestra vida no vivida: la energía vital que no ha sido utilizada, las posibilidades que se han dejado sin explorar. Esto es lo que nos obsesiona. A la sombra de nuestras preocupaciones cotidianas, los fantasmas de nuestra vida no vivida se amontonan, enjaulados como prisioneros que hacen sonar sus cadenas. Se esfuerzan, presionan y claman por ser liberados. No sólo los fantasmas de lo que pudo haber existido en nuestra vida, sino también el espíritu de aquello que puede existir. Y resulta molesto estar siempre haciendo sitio a los fantasmas, estar siempre haciendo sitio a algo más. (...) Lo que encontramos en estos "fantasmas" son patrones de energía psíquica; patrones que quieren ser vividos, que quieren ser representados, patrones que quieren salir a la vida. "Todo lo que está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo." (C. G. Jung) Estos patrones ansían ser puestos en movimiento y realizarse.
(...)
Sólo la psique sabe lo que necesita. Como si fuera un mapa vivo, allí se recuerdan todos los caminos que se exploraron, pero sólo hasta donde fueron recorridos; y ahí aguardan a que otros, por necesidad, retomen la exploración. Es allí donde se recupera el "deber" y donde flaquea la decisión. La necesidad impone una dirección. Vives lo que debes vivir o enfermas.

Retirada, depresión y pérdida del alma

Sugiero que en la salud hay un núcleo esencial de la personalidad que se corresponde con el verdadero yo de la personalidad dividida; sugiero que este núcleo nunca se comunica con el mundo de los objetos percibidos y que la persona individual sabe que nunca debe comunicarse con la realidad externa ni verse influido por ella. (...) Aunque las personas sanas se comunican y disfrutan haciéndolo, también es verdad que cada individuo se encuentra aislado, permanentemente incomunicado y desconocido, en realidad no descubierto.
En la vida y el vivir, este duro hecho queda mitigado por ese compartir que es propio de toda una serie de experiencias culturales. En el centro de cada persona existe un elemento incomunicado, que es sagrado y merecedor en grado sumo de ser preservado. (...)
En las mejores circunstancias posibles, se produce el crecimiento y el niño adquiere tres vías de comunicación, o comunicación intermedia, que se desliza desde el juego hasta experiencias culturales de todo tipo. (D. W. Winnicott)
(...)
Es indudable que todos tenemos que adaptarnos a ciertas expectativas. Todos tenemos que aceptar lo que nos es dado y lo que tenemos que ganarnos. La tendencia a la depresión procede de que se combina un modo único de acercamiento con el hecho de que lo que nos gratifica ya no es lo vivido interiormente sino la recompensa exterior. Esto supone cierta rigidez, una perspectiva unilateral, una tendencia hacia la excesiva focalización. El yo que juega se pierde. El sentido de la gratificación ha pasado al yo adaptado..."


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