miércoles, 2 de marzo de 2011

Khalil Gibran 1883–1931 (Obras completas)

Obra dirigida por Diveso Llagar Maralar
Prólogo de Mir Bahadur Mu´tasin
(Ediciones Bosmar)

El sonido del silencio

"Gibran no cree que el verdadero amor necesite ser elocuente. Cuando el amor visita a un alma, ilumina sus rincones. Para él, el "pesar del amor canta". Este canto es el consuelo del alma y conduce a la comprensión de las cosas oscurecidas por el pesar. Este pesar es más profundo que el amor; en palabras de Gibran: "Hay un pesar más sublime que el conocimiento, más fuerte que el deseo, y más amargo que la pobreza." Para Gibran, este pesar no es elocuente, sino que es "mudo y no tiene voz".
(...)
Los verdaderos amantes comienzan a desarrollar su amor en plácido silencio, no con palabras: "Dos espíritus... han alcanzado a comprenderse en silencio y se han acercado al círculo de luz de lo alto", dice en su famoso ensayo Khalil el Hereje. En Alas Rotas dice, cuando se encuentra con Selma, que ambos deben permanecer en silencio, esperando que el otro sea quien hable, pues "para dos almas, el habla no es el único medio de entenderse. No son las sílabas que surgen de los labios las que unen los corazones". La energía curativa del amor se fortalece con su muda actitud. Es así como dos amantes, al encontrarse tras una larga separación, sienten que las palabras obstaculizan su comunicación y mutuo entendimiento. Entonces permanecen en silencio, incapaces de decir lo que sienten y lo que quieren expresar. Gibran experimentó esta situación más de una vez, cuando visitaba a Selma después de saber que estaba obligada a comprometerse con el sobrino del obispo, a quien no amaba. Describe así uno de estos encuentros:

Una mirada que revela agitación interior confiere
más belleza al rostro, sin importar cuánta
tragedia y dolor revele; pero el
rostro que en silencio no anuncia
misterios ocultos no es bello,
aun cuando sus rasgos sean armónicos.
La copa no seduce nuestros labios
a menos que sea el color del vino
a través del transparente cristal.

Gibran repite a menudo que el silencio es, en ciertas circunstancias, el único lenguaje del amor, y escribe:

Mírame, amigo mío; estudia mi rostro
y lee en él lo que quieres saber
y que yo no puedo decir. Mírame,
amada mía... Mírame, hermana mía.

Una mirada, un roce, un beso

Gibran insiste a menudo en el aspecto espiritual del amor. No menciona nunca la satisfacción física de los escarceos, que son generalmente una trampa para los hombres. Acentúa el poder de una mirada al decir: "La mirada de una mujer te convierte en el hombre más feliz de la tierra." Es real que la mirada de una persona puede revelar los ocultos secretos de su corazón. Todas las canciones de amor dicen que los ojos son un espejo del alma y el corazón. La mirada de una mujer puede hipnotizar a un hombre y conquistarlo. La mirada de un hombre puede tener una tremenda influencia sobre una mujer, y conquistar su confianza y su afecto.
En otros pasajes, Gibran dice que su mayor deseo es simplemente "contemplar la luz de los ojos de su amada y escuchar la música de su voz". La palabra "voz" no alude sólo a lo que su amada diga, ni a su manera de hablar. Vemos que acentúa el efecto que tiene sobre él el sonido de la voz..." 



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