lunes, 21 de febrero de 2011

Símbolo y señal (Graham Hancock)

Las ocultas riquezas de lugares secretos

"Todos los logros verdaderamente grandes del antiguo Egipto tuvieron lugar tempranamente. El período culminante se extendía desde la Tercera hasta la Quinta Dinastía, más o menos desde el año 2900 al 2300 a.C. Después, aunque lenta y con reacciones notables, la tendencia general fue siempre declinante. Este hecho, aceptado por todos los especialistas, me parecía totalmente coherente con la teoría de que la civilización fue traída al valle del Nilo durante el cuarto milenio a.C. desde alguna zona técnicamente avanzada aún sin identificar.
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Poco antes del comienzo de la Primera Dinastía, más o menos en torno al año 3400 a.C., aparecieron de forma repentina la escritura, la aritmética, la medicina, la astronomía y una compleja religión, sin que hubiera, como ya se dijo, prueba alguna de una evolución anterior en estos campos. Al mismo tiempo se estaban construyendo monumentos y tumbas muy complejos que incorporaban avanzados conceptos arquitectónicos, también sin el menor rastro de evolución (...) Esta tendencia a una belleza y una excelencia cada vez mayores recibió lo que muchos especialistas modernos consideraban su expresión última en los notables edificios de piedra del complejo funerario del rey Zoser, el primer faraón de la Tercera Dinastía.
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Pude ver que en la tradición egipcia el proyecto de construcción de todo el complejo de Zoser se había considerado obra de un solo genio creador, Amenhotep el Constructor, cuyos otros títulos eran sabio, mago, arquitecto, sumo sacerdote, astrónomo y médico (...) Con hazañas de ingeniería tan impresionantes como la pirámide de Zoser en su haber, Amenhotep me parecía un candidato obvio a miembro del culto de Toth. Los monumentos de Saqqara parecían confirmar de manera elocuente que había asimilado y puesto en práctica brillantemente la destreza técnica característica de este culto.
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Después supe algo todavía más significativo: en la antigüedad, también a Moisés se le comparó con frecuencia a Toth (...) El hecho de que personajes tan alejados en la historia como Moisés y Amenhotep se viesen relacionados explícitamente a través del culto al dios-luna me parecía una fuerte prueba circunstancial, no sólo de la existencia de una tradición de sabiduría secreta, sino de lo duradero de esta tradición (...) Por desgracia, no hay noticia alguna del arquitecto que construyó la Gran Pirámide de Gizeh. Este edificio fue sin duda el logro máximo de la espléndida Cuarta Dinastía, durante la cual la civilización egipcia alcanzó su cenit. Como dice una autoridad,

Los faraones no volverían nunca a construir a tal escala ni con tal perfección. Y este nivel alcanzó a casi todas las demás artes y oficios. Durante la Cuarta Dinastía los muebles fueron los más elegantes, las ropas las más bellas, la escultura a la vez la de mayor fuerza y la más perfecta... Ciertas técnicas, como la fabricación de ojos para incrustar, alcanzaron niveles que bordean lo sobrenatural. Las dinastías posteriores sólo pudieron lograr versiones mediocres y esos conocimientos acabaron por desaparecer por completo.
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En la misma línea, sir Isaac Newton había expresado la opinión de que "los egipcios ocultaban misterios que excedían de la capacidad del vulgo bajo el velo de ritos religiosos y símbolos jeroglíficos". Entre estos misterios, creía él, estaba el conocimiento de que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al contrario (...) La gran inteligencia y la erudición de Newton lo capacitaron para poner los cimientos de la Física como disciplina moderna. Entre sus logros concretos hubo descubrimientos que hicieron época en la Mecánica, la Óptica, la Astronomía y las Matemáticas (el teorema del binomio y los cálculos diferencial e integral), enormes pasos adelante en la comprensión de la naturaleza de la luz y, por encima de todo lo demás, la formulación de la ley universal de la gravitación, que alteró para siempre la visión del cosmos que tenía la humanidad..."
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